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Aunque últimamente no se qué hago con el tiempo que me desaparece sin darme cuenta, no he querido dejar pasar la convocatoria del Cocinamos Sin Crueldad de mayo, en el que Ángela (Con Aroma a Canela) pedía propuestas, claro, «con aroma a canela». Superado el primer impulso de hacer unos rollitos de canela (demasiado obvio) y después de fracasar con un curry y una compota (que resultaron sin mucho interés), he decidido darme a la bebida… con esta modesta, pero refrescante receta.

Una de las «aguas frescas», la horchata de arroz es un refresco tradicional muy popular en Méjico y en centroamérica y también en algunas partes de su vecino del norte, donde gracias a la emigración, es una bebida casi tan neoyorquina como un latte.
Aunque la horchata auténtica (también la de chufas) se hace sólo con agua, a mi me gusta ponerle algo de leche y hay golosos empedernidos que añaden incluso leche condensada.

Ingredientes

Para 1,5 l de horchata
200 g de arroz de grano largo (yo he usado arroz jazmín)
50 g de almendras molidas
1/2 l de leche de soja
1 l de agua
1 o 2 ramas de canela (dependiendo de cuánto te guste la canela) o 1/2 cucharadita de canela en polvo
Sirope de agave (o azúcar o el edulcorante de tu preferencia)
1 cucharadita de esencia de vainilla
La rayadura de una lima o un limón
1 pellizco de sal

Preparación

En una batidora de vaso, muele en seco el arroz crudo, intentando que quede lo más fino posible. Añade la almendra molida, la rayadura de limón, la canela, el pellizco de sal y mezcla todo. Agrega 1/2 litro de agua hirviendo, deja que se enfríe y una vez frío, tapa el vaso y déjalo reposar en la nevera toda la noche.

Al día siguiente, añade el otro 1/2 l de agua y bate todo un poco, hasta obtener una crema densa. Ahora toca colarla, para eliminar el polvillo de arroz y quedarnos sólo con el líquido. Yo utilizo una tela para filtrar queso, pero un colador de malla muy fina o un filtro permanente de cafetera sirven igual. Es un proceso un poco tedioso, pero imprescindible si queremos obtener una horchata suave, sin trocitos de arroz. Si ves que te resulta difícil porque la pasta es demasiado densa, puedes añadir más agua. Cuando hayas terminado de colar todo, añade el 1/2 l de leche de soja, la vainilla y endulza la horchata a tu gusto con el sirope de agave o el azúcar. Remueve bien ¡y listo!

La horchata debe quedar cremosa, con una densidad similar a la de la leche y ser dulce. Disfrútala con hielo en un vaso grande y ya sabes: «Açò no és llet, açò és OR, XATA!»

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